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NACIONALES

Sistema fiscal argentino – Un tema preocupante – con necesidad de reforma

La Nación se queda con la riqueza que generan las provincias y devuelve cada vez menos

En La Rioja, cargar un litro de nafta Súper cuesta hoy $1.886, de los cuales $581 se destinan a impuestos nacionales. Es decir, casi un tercio del precio va directamente a las arcas del Estado central. Mientras los riojanos aportan a través del consumo, la coparticipación cayó con fuerza en términos reales -con desplomes superiores al 15% en el último año- y la Provincia sigue sin recibir los fondos compensatorios que le corresponden por ley.

Un simple cartel en una estación de servicio alcanza para desnudar una de las principales distorsiones del sistema económico argentino. De los $1.886 que cuesta hoy un litro de nafta Súper, $581 corresponden a impuestos nacionales. Es decir, una porción sustancial del dinero que sale del bolsillo de los riojanos no queda en la Provincia, sino que se transfiere directamente al Estado central.

El dato, que a primera vista puede parecer técnico, abre una discusión de fondo: quién produce los recursos en Argentina y quién se los queda.

Cada consumo, cada carga de combustible, cada actividad económica que se realiza en el interior del país genera recaudación. Sin embargo, la estructura tributaria argentina está diseñada de manera tal que esos recursos se centralizan en la Nación, que luego decide cuánto y cómo redistribuirlos.

En el caso de los combustibles, como en muchos otros tributos, la mayor parte de lo recaudado no vuelve de manera directa ni proporcional a las jurisdicciones. Entre asignaciones específicas, fondos que quedan en el Tesoro y mecanismos no automáticos, el resultado es claro: la Nación, que no produce nada y que cuestiona a las provincias a las que tilda de “parásitos”, retiene una porción mayoritaria de recursos que se generan en los territorios provinciales.

A este esquema estructural se suma un fenómeno reciente que agrava la situación: el derrumbe de la coparticipación en términos reales. Datos recientes evidencias que durante 2025 la coparticipación mostró un comportamiento inestable pero con tendencia negativa: En varios meses, las transferencias registraron caídas reales interanuales en torno al 5%. Todas las provincias tuvieron meses con retrocesos, en un rango de -2,7% a -6,6% real. Incluso en momentos puntuales de leve recuperación, el balance general del año mostró debilidad estructural en los envíos. Es decir, aún cuando la recaudación nacional se sostuvo, la porción distribuida perdió peso frente a la inflación y frente a otros recursos que Nación retiene.

Y como si esto fuera poco, el inicio de 2026 confirma y agrava la tendencia. En febrero, las provincias sufrieron una caída real del 9,7% en los fondos coparticipables. En el primer bimestre, la pérdida acumulada alcanzó casi $1 billón, en tanto que otros relevamientos marcan retrocesos de entre -5,4% y -6,9% real en coparticipación. El dato es contundente: no se trata de un mes aislado, sino de un proceso de caída sostenida.

La Rioja: menos recursos y sin compensación

En este escenario, la situación de La Rioja es especialmente crítica. No solo sufre la caída general de la coparticipación, sino que además enfrenta el incumplimiento de un mecanismo clave: los fondos compensatorios establecidos para equilibrar su situación fiscal. Estos fondos, reconocidos en acuerdos fiscales y normas específicas, fueron pensados para corregir desigualdades estructurales. Sin embargo, desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, su envío fue arbitrariamente interrumpido, algo que no ocurrió en ninguno de todos los anteriores gobiernos nacionales, sin importar el signo político de que se trate.

Esto implica que La Rioja queda en una situación de doble desventaja: recibe menos recursos automáticos en términos reales y no percibe los fondos adicionales que deberían compensar esa pérdida.

En este contexto, el discurso libertario que señala que provincias como La Rioja “no aportan” queda en evidencia. Cada litro de combustible que se vende en la provincia -como lo muestra el caso concreto de los $581 por litro que van a Nación- es una prueba directa de que sí hay generación de recursos en el territorio.

El problema no es la falta de aporte, sino la concentración de esos recursos en el nivel central. En otras palabras: Las provincias producen y consumen, Nación recauda y la devolución es cada vez menor y más discrecional o direccionada políticamente, como mecanismo de soborno o extorsión.

Un federalismo cada vez más débil

La combinación de alta presión impositiva, caída de la coparticipación y falta de cumplimiento en los fondos compensatorios configura un escenario preocupante. Lejos de fortalecerse, el federalismo argentino muestra graves signos de retroceso: menor autonomía financiera de las provincias, mayor dependencia de decisiones del Gobierno nacional y creciente desigualdad en la distribución de recursos.

El cartel en la estación de servicio no es solo una obligación informativa. Es, en los hechos, una radiografía del sistema: los recursos se generan en las provincias, pero se concentran en la Nación, que devuelve cada vez menos.

En ese marco, el precio del combustible deja de ser solo un dato económico para convertirse en una evidencia concreta de una discusión más profunda: quién se queda con la riqueza en Argentina y cómo decide distribuirla.